Nací en Ecuador hace 36 años, pero Zaragoza me adoptó cuando tenía diez. Fue recorriendo España y descubriendo sus paisajes y rincones en mis viajes donde empecé a despertar mi sensibilidad por el arte y la creatividad, un camino que me llevó a graduarme en la Escuela de Diseño de Aragón.
Durante años desarrollé una trayectoria multidisciplinar que abarcó el diseño, la ilustración y el retail. Diseñé desde alfombras y papeles pintados hasta proyectos para marcas como Adidas o El Corte Inglés. Esta etapa educó mi mirada, profundizando mi comprensión sobre el patrón, el color y el equilibrio visual. Sin embargo, sentía que faltaba una pieza para completarme creativamente.
La respuesta estaba en el principio de todo: mi amor por la fotografía. Aunque me formé durante cuatro años en esta disciplina, siempre la entendí como mi vía de escape artística, mi forma de huir de la rutina. Nunca dejé de disparar, ya fuera con el móvil o con mi cámara, capturando la poesía de la vida cotidiana. Sin darme cuenta, mi pasión se convirtió en mi forma de vida.
Lo veo simple: si el momento es especial, el detalle sutil, la composición perfecta, yo disparo y la luz, ahí está la clave.
Busco conservar esos recuerdos para que, cuando alguien mire mis fotos en el futuro, descubra y sienta la misma belleza que yo encontré en ese instante.
Más allá de las cámaras y los diseños, mi faceta más importante es la de ser mamá. Mi hija Mía es mi gran inspiración, y junto a ella y nuestros tres gatos comparto un hogar donde, entre el caos y la ternura del día a día, siempre nacen nuevas escenas a las que fotografiar.